jueves, 3 de mayo de 2007

Sobre el ciberbullying, mi libertad, tú libertad, un par de energúmenos y el derecho a defenderse


Un blog, también conocido como weblog o cuaderno de bitácora (listado de sucesos), es un sitio web periódicamente actualizado que recopila cronológicamente textos o artículos de uno o varios autores, apareciendo primero el más reciente, donde el autor conserva siempre la libertad de dejar publicado lo que crea pertinente. Habitualmente, en cada artículo, los lectores pueden escribir sus comentarios y el autor darles respuesta, de forma que es posible establecer un diálogo. El uso o temática de cada weblog es particular, los hay de tipo personal, periodístico, empresarial o corporativo, tecnológico, educativo (edublogs), políticos, etc.

El blog "julín de ares" nació de la curiosidad e inquietud que sembró en mí el descubrimiento del foro de Caamouco.net. Como político, creo muchísimo en el contacto directo con la gente. Por eso elegí la política más próxima al ciudadano, que es la política municipal, a pesar de poder optar por otros caminos que también tenía abiertos, como la política autonómica. Sin embargo, preferí dejarla de lado en favor de una política, quizás, menos cómoda y más complicada, pero, sin ninguna duda, más apasionante.

Pensando así, es lógico que el foro de Caamouco.net me deslumbrara. Sin embargo, es evidente que Caamouco.net es mucho más que un foro estrictamente político. O, lo que es lo mismo, como espacio de libertad plural y heterogénea no puede ser monopolizado por debates de políticos o sobre políticas locales.

Siendo así, debo confesar que más de una vez me sentí, ciertamente, como un extraño invasor de una intimidad ajena.

Esta es la razón por la que decidí crear un blog, entendido también como un espacio de libertad, pero al servicio de un debate político no invasivo, pues a mi blog, como hay que ir a propósito, entra quien quiere y, en consecuencia, no tiene porque ser soportado por nadie.

Está claro, por tanto, que fue creado como un espacio para el debate. Es decir, para la confrontación de ideas, exclusivamente, y, por ello, nunca de personas.

Sin embargo, el martes me llevé una terrible sorpresa. Acostumbrado a Caamouco.net, en donde, salvo contadísimas excepciones, se puede apreciar un espacio de libertad responsable, mi blog se convirtió el pasado 1 de mayo en un infierno que fue más allá de lo estrictamente personal por culpa de un par, en sentido literal, de energúmenos.

Como hombre público acepto, y ademas ya estoy acostumbrado, a que me juzguen por mis hechos y a que me critiquen. Podríamos decir sencillamente que a que busquen, comparen y, si encuentran algo mejor, compren. Ello, incluso, en un tono más que subidito.

Pero lo que no puedo consentir de ninguna manera son los insultos, los comentarios soeces y las babosadas dedicados a personas que, por no tener nada que ver con mi blog (ya que tanto su creación como las reflexiones que vierto en él son responsabilidad mía exclusivamente), es injusto que sean criticadas en él con la única finalidad de hacerles y/o hacerme daño.

Cada segundo se escriben 16 millones de amenazas o insultos en la blogosfera, el espacio de bitácoras en internet.

Spam, trolls y, sobre todo, el problema sufrido por Kathy Sierra son los motivos por lo que los gurús de la red, Tim O'Reilly, teórico de la web 2.0, y Jimmy Wales, fundador de la Wikipedia, hayan impulsado un código de conducta que, ciertamente, divide a los internautas, puesto que muchos consideran que tratar de imponer normas generales, censurar o restringir puede suponer el fin de la blogosfera como tal, ya que sin libertad de expresión consideran que no hay blogosfera que valga.

No obstante, como señala la blogger de tecnología estadounidense Kathy Sierra, es evidente que Internet, como otras tantas cosas, puede llegar a sacar "lo peor de las personas", razón por la que O'Reilly y Wales abrieron el interesante debate acerca de la conveniencia de introducir ciertas normas.

Las siete normas que proponen parten de dos premisas básicas: la primera, que cada blogger tiene que "responsabilizarse de lo que se publica en la página de uno" aunque no lo haya escrito él; y la segunda, que no se puede decir "en la red aquello que no dirías en persona".

De inmediato, a muchos bloggers se le ha llenado la boca de palabras tan gruesas como "dictadura", "totalitarismo" y "censura". Porque precisamente para muchos, la gracia radica justamente en decir aquello que jamás dirías en persona y hasta ahora, añaden, no han necesitado más código ético que su sentido común.

Sin embargo, en mi opinión, pretender, a través del desarrollo de un código ético, que los bloggers se hagan ellos mismos responsables de mantener limpia su "casa" me parece una solución muy brillante.

Es más, no oculto la admiración que siento por los administradores de Caamouco.net por ser capaces, seguramente con muchísimo esfuerzo, de mantener tan limpia la suya.

Ante semejante dilema, yo prefiero inclinarme, como siempre, más por prevenir que por lamentar. En otras palabras, prefiero habilitar la moderación de comentarios que acudir directamente a la policia científica para que, como prueba, identifiquen la dirección IP de ese par de energúmenos. Porque nada, absolutamente nada, y por ello tampoco internet, ampara el anonimato de los delincuentes. Porque quien calumnia e injuria es un delincuente. Y yo no consiento las injusticias en nadie, Y menos en mí. Esta es la razón por la que lucho y seguiré luchando, incansablemente, contra ellas y, además, con todas las armas legítimas en derecho. Como siempre hice y seguiré haciendo. Que, por cierto, en este caso también sé cuáles son.

Por tanto, por culpa de sólo dos energúmenos, me veo en la obligación de habilitar la moderación de comentarios.

En consecuencia, sólo los comentarios, buenos o malos, que se centren en mi persona o en otras personas con actividad política pública conocida y siempre que no infrinjan los derechos fundamentales tanto al honor como a la intimidad personal y familiar de todos y cada uno de nosotros, serán publicados. Los demás, dependiendo de lo que digan, irán directamente a la papelera o al juzgado de guardia.

De una manera u otra, es evidente que la elaboración de un código ético que pueda proporcionar herramientas que justifiquen la acción de quien quiere borrar un comentario, ignorar a un troll, afear un mal comportamiento, etc. agarrándose a algo que ha sido consensuado por un grupo de personas a cuyo criterio, por lo que sea, otorga validez, es una medida cada vez más necesaria.

Por todo ello, me permito terminar este comentario añadiéndole las siguientes reflexiones de Enrique Dans, que comparto plenamente:

La censura es algo horrible. Una palabra muy, muy gruesa. Tildar de "censor" a alguien que borra un comentario insultante, maleducado o, sencillamente, no conforme con los criterios que esa persona ha decidido para su página personal o para aquella que administra me parece sencillamente terrible. Jamás me consideraré o consideraré a alguien un censor por borrar determinados comentarios. Sí lo sería si intentase promulgar una ley que los prohibiese a nivel general. Pero en la casa de una persona se habla como esa persona quiera, y en su blog se debe escribir con arreglo a los términos que esa persona decida. Y defender eso no es en modo alguno ser un censor, aunque muchos tengan la tentación de ir por el lado fácil, maniqueo, de los blancos y los negros, y acusarle de ello. Quien borra un comentario que le resulta molesto en su blog está haciendo algo que tiene todo el derecho del mundo a hacer. Es más, algo que DEBE hacer, sin pestañear, despejando toda sombra de culpa. Casi nadie publica para ser insultado. Me encanta la perfecta definición que hizo de ello Mauro Entrialgo en aquella genial viñeta. El debate no es de blancos y negros, sino de matices. Y muy delicados, además.

También estoy en desacuerdo con... (la) apreciación de que "el fenómeno troll, aunque molesto, no deja de ser anecdótico". No es verdad. Es un fenómeno creciente, que escala, y que hace que los que no eran trolls se sientan cada día más justificados a comportarse como tales. Una casa llena de basura no te inspira a mantenerla limpia. En algunos medios y páginas, es ya imposible comentar sin que te caiga encima un aluvión de descalificaciones e insultos. El trollismo impide el desarrollo de verdaderas conversaciones, de genuinos intercambios de pareceres que podrían ser muy fructíferos, es un verdadero CRIMEN contra la sociedad conversacional que podríamos estar construyendo. Un crimen contra el que no se puede -ni se debe- luchar con las armas de la ley, salvo cuando se llegue a la difamación, la calumnia, la amenaza u otros delitos que ya estaban tipificados antes de existir Internet, y cuya naturaleza no ha cambiado por existir éste.

Me sigue pareciendo perfecto que se desarrolle un código ético, y precisamente por su propia naturaleza: voluntaria, de referencia, de marco conceptual. Nunca de ley. Ni mucho menos de censura. Una palabra con la que hay que tener mucho, muchísimo más cuidado. Por favor, no la usemos en vano.


Como siempre, mi respeto y mi saludo.

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